Morfología, formación de palabras y lexicología / Unidad 2 / Tema 1
   
as formas de las palabras: modelos estructuradores de formas y modelos estructuradores de palabras
 
Objetivo
 

El estudio de este tema te permitirá:

 
  • Reconocer  las características de las estructuras modélicas de palabras para identificar posibles irregularidades en la composición léxica.
 
 

En el aprendizaje de lenguas, naturalmente, la imitación y el signo denotado comportan el primer nivel de acercamiento, tanto para un hablante nativo como para quien se aproxima, por elección, a otra lengua. Nacer en el seno social implica nacer en la lengua. La madre dice al niño: “sopa”, “come tu sopa”, mientras sostiene aquella sustancia con la cuchara; esta situación deíctica permitirá al infante crear un concepto. A partir de entonces, todo alimento que presente una consistencia semejante aparecerá en su repertorio lingüístico como “sopa” y será nombrado como tal. Con el tiempo, el significado dado por el uso le permitirá incluir la misma unidad lingüística en diferentes contextos, como en “estás hecho una sopa”. Proceso semejante sigue el extranjero al descubrir otra lengua, pues, en gran medida, es en el habla donde se adquieren los conceptos.

Lo anterior con respecto a la asimilación de vocabulario; sin embargo, conforme se amplía el conocimiento del entorno, crecen las urgencias comunicativas. ¿Qué hacer para transmitir eficazmente mi experiencia a otro si no conozco una palabra específica para ello? Una respuesta tentativa es: crear por analogía. En la Poética, Aristóteles afirma que, inherente a la esencia humana, está la imitación: imitamos con medios diversos y de modos diversos, con lo cual nuestras creaciones no son espontáneas sino que poseen cierto anclaje en lo ya conocido. El mismo niño del ejemplo anterior, ahora, asiste a la escuela y, un buen día, consternado, le cuenta a su madre: “Mamá, hoy un niño le pegó a una niña, le dio un balonazo y le tiró los lentes; ella, después, le dio un lapizazo en el ojo y el niño lloró.” Dar un golpe con cierto objeto implica la terminación –azo (cubetazo, golpe con cubeta) añadida al sustantivo. Dicho conocimiento, en el ejemplo, enfatiza una cierta intuición lingüística: formamos palabras a partir de estructuras ya existentes.

Sabemos, hasta aquí, que las palabras se separan entre sí por espacios en blanco, es decir, por silencios en la oralidad, pues no pueden pronunciarse a un tiempo (relaciones sintagmáticas); sin embargo, ello compete a la estructura externa de la palabra: como unidad, se constituye por una serie de elementos (morfemas) dispuestos en un orden jerárquico. El modelo estructurador de formas es: prefijo + raíz + afijo + género/numero (libros y no *librso). Muchas veces, dichos elementos poseen significado propio, sin embargo, su función consiste en formar gramaticalmente a la palabra sin determinarla necesariamente de manera semántica (interfijos). Así, el modelo de estructura para el género femenino, en español, está dado por el morfema –a, como en mesa y silla; para plural es -s, como en mesas y libros1, aunque existen formas en las que el género es aludido por el artículo, como en estudiante o suicida. Conviene precisar algunas reglas del español para la construcción en plural:

 

 

singular

plural

Vocal átona + -s

casa

casas

Vocal tónica –á, -é, -ó + -s

café

cafés

Vocal tónica –í + -es/-s

jabalí

jabalís/es

Vocal tónica –ú + -es

hindú

hindúes

Palabras agudas terminadas en s/x + -es

autobús

autobuses

Consonante + -es (excepto s, x)

cañón

cañones

 

Ahora bien, el léxico no es un bloque estático, pues se encuentra en constante movimiento: las entradas y salidas del vocabulario son manifestaciones de la puesta en práctica de reglas y estructuras, primero de manera intuitiva y, después, consciente, con el desarrollo de competencias lingüísticas. La existencia de la palabra como unidad distintiva que funge como modelo para la actualización léxica y depende de la morfología particular de las lenguas; así, en español, las propiedades relativas a la forma de las palabras son las siguientes:

 

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Sin duda, es posible encontrar irregularidades o, mejor, excepciones a la regla. Bosque afirma que las condiciones mencionadas se cumplen de manera gradual en las diversas clases de palabras. Así, por ejemplo, en el aprendizaje de lenguas, suele causar confusión la división entre unidades lingüísticas: en una transcripción fonética, es posible no hacer distinción entre cada palabra, pues la pronunciación refiere un enclítico; en el habla coloquial, no es extraño pronunciar, en una sola emisión, un sintagma como: ¿tú, qué estudias? [¿késtudias?] Aunque en el sistema se distinguen como unidades diferentes, en el habla resulta una sola. Los elementos clíticos, como los artículos, constituyen otro caso de satisfacción parcial a las reglas mencionadas, pues no pueden ir en posición posnominal y, en prenominal, representan una secuencia que resulta incompatible ante la presencia de posesivos (no se puede decir: los mis libros, ni los estos libros)3.

Cuando dichas propiedades se cumplen con mayor amplitud en una palabra, ésta se convierte en modelo para estructurar otras unidades que coinciden con ella en categoría gramatical. Un buen ejemplo que ilustra el caso es el paradigma verbal que, en castellano, siguiendo la conjugación latina, admite tres vocales temáticas: a, e, i (amar, temer y partir constituyen los verbos paradigmáticos). Se considerarán regulares aquéllos que, admitiendo la conjugación en alguna de estas estructuras modélicas, preservan el lexema únicamente agregando desinencias. Es muy común que los niños, al incorporar un verbo a su vocabulario, intenten conjugarlo siguiendo estos modelos, sin advertir posibles excepciones: yo corro (correr), yo cabo (caber). Las irregularidades presentes en los verbos son de índole diversa y los regulares admiten algunos cambios de orden “ortográfico” como sigue:

 

Verbo

Regla

Ejemplo

Terminación –quir

Permutan la -qu en –c ante las vocales a, o

Delinquir, delinco

Terminación –cer, -cir

Permutan la -c por -z ante las vocales a, o

Convencer, convenzo
Esparcir, esparzo

Terminación –car

Permutan -c en -qu ante la vocal e

Tocar, toqué

Terminación –zar

Permutan la –z en -c ante vocal e

Rezar, rece

Terminación -ger, -gir

Permutan la –g en –j en los gramemas cuya vocal inicial son a y o

Proteger, protejo

Terminación –aer, -eer, -oer

Permutan  la –i en –y

Corroer, corroyera

Terminación –gar

Añaden una –u, en presencia de  una vocal  e, conservando el sonido de la consonante

Litigar, litigue

Terminación –guir

Suprime la u, ante a y o, siguiendo con la norma fonética

Distinguir, distingo

 

Los verbos irregulares son aquéllos que sufren alteraciones en el lexema, el gramema o en ambos a un tiempo. Las características por las cuales un verbo suele considerarse irregular son tres: cambio, supresión o adición de un sonido (estos cambios en la estructura morfémica serán analizados más adelante). En general, podemos hablar de irregularidades como: diptongación (contar, cuento) y guturización (nacer, nazco).

Para ampliar el estudio de este tema, es necesario que consultes el siguiente documento:

Apuntes de morfología y sintaxis del español de la colección SEMA

 

 
  1. Es menester precisar que existen varias excepciones, como en el caso de “azúcar blanca”, fenómeno especial que reporta no sólo la ausencia del morfema –a final sino que su género es aludido por el artículo “El” femenino.
  2. Cfr. Gramática descriptiva de la lengua española. Vol. 3, Entre la oración y el discurso. Morfología (dirigida por Ignacio Bosque y Violeta Demonte) (2000), Madrid, Espasa Calpe, 2000, pp. 4113-4120.
  3. Ibídem.
 
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